17 de agosto de 2013

Quererse en invierno es de románticos. Enamorarse en verano, de valientes.

Siempre que arrancamos agosto del calendario, aparece el principio del fin.
El miedo a perder el verano, a perdernos nosotros, la incertidumbre de los nuevos deseos, la duda de desearte de nuevo y la lista de nuevos propósitos que se asoman, pero no se dejan coger.
Y es que viene septiembre a no quitarnos la ilusión, a darnos razones para ponernos a prueba.
A seguir viviendo para no dejarnos matar, ni por el tiempo, ni la distancia.
Que no es lo mismo, que dejarnos morir por los kilómetros y los relojes.
Volveremos a dejarnos un cuarto de corazón en los andenes y media vida vacía en una cama de noventa. Vuelve la maleta de los domingos, las cremalleras que no cierran porque se pillan con la ilusión que ya no cabe entre mis vaqueros.
Vuelve la ciudad que me ha enseñado a ser y no a existir, viene el otoño para probarnos lloviendo, para querernos confiando y para vivirnos mandándonos besos para sentirnos cerca.
Vuelve la tristeza de los ojos que miran por la ventana cuando algo se aleja. La nostalgia dividida en un beso de despedida, el retraso de los avances por vivir de últimas conexiones y los libros en la mesita sobre cómo sobrevivir a un sin ti.

Empiezan las prioridades y vendrán las consecuencias a darme las buenas noches. Empiezan los otoños de almohadas separadas, la prueba definitiva de si es verdad lo que cuento cuando bebo.  

"Me dan a menudo demasiadas ganas de soltarte este tipo de barbaridades pero corro el riesgo de que pienses que no quieres luchar por algo que no tiene complicación, 
que pienses que sólo merecen la pena los amores que conllevan algún tipo de conquista (…)
(…) así que mejor sigo así, callado, haciéndote pensar que no soy del todo tuyo. Seguro que de ese modo no se te van a ir las ganas de luchar". (Marwan)

Sé que todavía es demasiado Agosto para estar escribiendo que tengo miedo a acostumbrarme a ti. 
Demasiado pronto para perder el tiempo escribiendo suposiciones cuando podría perder el tiempo diciéndote que me has devuelto (o mejor dicho, que me has quitado) las ganas de no querer otras manos.

Pero nunca nada es demasiado, cuando tú eres más que suficiente.

y tú,
eres demasiado
y con eso,
tengo de sobra.



12 comentarios :

Luisina~ dijo...

Me encanto!!! Es una entrada bellisima, amo como escribes :)

Luisina~ dijo...

Me encanto!!! Es una entrada bellisima, amo como escribes :)

Anónimo dijo...

Espectacular...

Tíferet Neverstand dijo...

Cruento y bello amor...

UnPetitCanard dijo...

que septiembre nunca nos quite la ilusión...

UnPetitCanard dijo...

que septiembre no nos quite la ilusión...

Anónimo dijo...

Hace tiempo que no te dejo comentarios por aquí, me con esta entrada me has dejado impresionada. No sé el motivo, pero siempre escribes lo que siento en ese momento. ALUCINANTE Agri, nunca dejes de escribir.

Una fiel seguidora tuya desde hace mucho tiempo.

M.

Lau arasdesuelo dijo...

Me ha encantado Agripina, como siempre =) Todas las que estamos fuera pensamos en la distancia justo como la describes. Pasate cuando quieras por mi blog =)Un saludo.

Odioamartetanto dijo...

'Empiezan los otoños de almohadas separadas, la prueba definitiva de si es verdad lo que cuento cuando bebo.'
Increíble todo el texto pero me quedo con esa frase.

Lau dijo...

Guau, pones los pelos de punta cada vez que te leen... Enhorabuena!

Anónimo dijo...

Muy bonito tu blog y esta entrada! Si quieres échale un vistazo al mío :)

http://lamoscaenlacolmena.blogspot.com.es/

Un saludo!

Anónimo dijo...

Cada una de las veces que he leído esto he pensado: que suerte tiene el cabrón.
Un abrazo fuerte e infinito Agri

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