3 de febrero de 2015

Soñando conjeturas.

Recordar el pasado, quedarse a vivir en el presente y no lamentarse de futuros que no están escritos. 
Así lo decía la ciudad que tantas veces te dio la vida. La misma que te la quita cuando parece que se apaga. 
Cuando te apagas. 
La misma que te enseñó a crecer, a vivir rápido, a querer lento, a conocer por dentro, y a no juzgar por fuera. 
La misma que ahora parece que se acaba. La que te da un tiempo de jaque cuesta abajo, para que defiendas, que ataques, que abandones o para declararte tablas en el corazón. 

Los sueños empiezan a no cumplirse, empiezan a quedarse en eso, en simplemente sueños. Y empiezas a buscar sueños nuevos para convertirlos en expectativas e intentar resucitarte. 
Supongo que eso es madurar, dejar de ser un poco feliz y empezar a ser un poco realista. 
Pero sigues dando el mundo y no recibiendo el cielo. 
Escribiendo un acertarás y siempre acabar fallando. Hablo de la vida y de luchar sin ganar. Tampoco perder. Una lucha inacabable. Como no encontrar en la única razón que me queda, lo que los demás encuentran sin buscarlo. 
Una solución inabarcable, no poder conformarse con los "no está mal" y esperar un "esto es lo que yo quiero". 
Aspiraciones lo llaman algunos. 
Echo de menos el querer a destiempo, a locuras, el escribir sin pensar, el leer para pensarte, el quizás convertido en sí. 
Echaba de menos la inspiración de lo triste, los tiempos vacíos, los a tiempo impuntuales y los temporales acelerados. 
Los por qué no en los pañuelos, los qué injusto en los diarios, los días vacíos del calendario, los corazones llenos menos el mio.

Pero entonces me apoyo en su hombro, me acaricia la tripa, me besa la frente y me quedo a vivir en el presente. Me quedo a vivir en sus labios por la mañana, en la intención de sus manos cuando me rozan, me olvido de los sueños que quiero cumplir y me quedo a dormir en ti, soñando conjeturas.

Porque en el trabajo como en el amor es cerrar los ojos y soñar fuerte. 
Algún día te encuentra. 
Como tú.

10 de diciembre de 2014

GANÁNDO(nos)

Hay veces que el invierno enfría, y congela nuestras ramas.

Hay otras veces que nieva,
y hasta el invierno entra en calor cuando le tocas. 

Congelados. Al borde del abismo, asomándote al precipicio del nunca más, apareces.
Y descolocas cualquier idea premeditada en un impulso.
Y recuperas lo que daba perdido y tú prometías vivo.
Y convences a mis dudas de que todavía nos necesitamos.
Que las noches se hacen cortas y las caricias eternas. 
Que los besos ya no sólo se dan, sino que saben a oportunidad. Saben a nuevo. Saben.
Sabemos.
Sabemos más cosas, hablamos más, no sé si mejor. Sabemos a intento. Y quien no intenta no gana. Algo tenemos en común, 
que a ti y a mí no nos gusta perder.
Y así estamos,
Ganándo(nos) 

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