27 de abril de 2011

Cremalleras.

Realmente, creo que esa noche no hubo cremalleras. Siquiera recuerdo el momento en el que te desabroché el pantalón. No sé ni como de repente estabas allí, conmigo. Después de tanto tiempo sin tocarte, volvimos a sudar como aquellas noches de invierno.
No sé si con tanto desenfreno en rozarnos, realmente hicimos el amor.
Hacer el amor era otra cosa, puede que ni siquiera tuviéramos intención de ello. Buscamos una noche de calor y echamos a perder el olvido. Nos echamos de menos muchos meses, y la última noche nos recordamos de nuevo.
Me enganché a ti y dejé de pensar hasta que amaneció. Nos enredamos. Tú conmigo y yo contigo. 
Del sudor de los cuerpos vencidos, habla una canción. Ese que moja tu espalda cuando nos desgastamos sin razonar. Del amor te hablo yo a veces, porque somos cómplices que, donde hay calor, hay amor.

Y calor había en esa habitación. Eso es indudable.

25 de abril de 2011

De vuelta a la gran ciudad.

Me llevo un trocito de sonrisa de mamá y algo más de media carcajada de Óscar.
Me llevo algún que otro café con ellas en el Sevilla Corcho.
Un montón de nubes y alguna que otra tormenta, incluso dentro de mi habitación.
Un poquito de lluvia en un botellón, que no quitan las risas de siempre.
Una tarde de patines con los de toda la vida
La satisfacción de los viejos tiempos sabiendo que quedan mil páginas por escribir en nuestras vidas.
Y que estaréis en ellas, aunque estemos lejos.
Me llevo el calor de una noche, y un poco de amor, también.
Me quedo con un abrazo de cada uno. Y una hoja en blanco, para volver con historias que contar.

Porque aunque cada uno sigue su camino, nuestra historia ya se ha escrito.
Y sigue, y sigue, Y SIGUE...

os echaré de menos.

mañana vuelvo a verte Madrid. (que ya te tengo ganas).

Entradas